De César Vallejo han hablado todos y de todo, formándose a su alrededor las más variopintas interpretaciones, estereotipos y clichés que, a mi consideración, tienen como fondo común el poco conocimiento de la vida y obra del autor y la inadecuada metodología con la que se suelen realizar los estudios, investigaciones y análisis de nuestro vate। Así, hay quienes lo consideran romántico, posmodernista, indigenista, marxista, existencialista, místico, etc. No niego que algo de razón puedan tener estas posiciones, pero –repito- revelan un inadecuado acercamiento al pensamiento e intenciones del poeta.
En primer lugar, debemos considerar que Vallejo, antes que narrador, ensayista, teórico, crítico o periodista, es sobre todo un gran poeta; la mejor defensa de su pensamiento la ejerce a través de los versos y la continua lucha contra la palabra limitante. En segundo lugar, la obra vallejiana se presenta como circular, cíclica, pues a través de Heraldos Negros (HN), Trilce (T) y España, aparta de mí este cáliz (EAC), se repiten las mismas obsesiones heredadas -hasta cierto punto- de la poética romanticista: la muerte, el dolor, la existencia humana, el número, la madre, etc., son temas y obsesiones que se presentan como el cimiento o el núcleo de la obra poética, dotándole de unidad y reapareciendo de manera constante desde el primer hasta el último libro.
De todas estas preocupaciones, la principal, nuclear y reiterativa es la angustia; angustia ante el mundo, ante la existencia misma que se presenta aterradora –como una especie de paraíso perdido- y sobre la cual el hombre tiene el doloroso deber de encontrarle sentido. Y este sentido será, para el poeta, producto de un ejercicio del espíritu, de la capacidad de la inteligencia por penetrar la realidad cotidiana, de allí que Vallejo realice una especie de metafísica vital a través de sus poemas.
La temática y la evolución de la obra vallejiana de lo individual a lo social, de la preocupación por la existencia a la preocupación por la historia es, más bien, aparente. Las obsesiones primordiales no evolucionan, son inmóviles. Su adhesión al marxismo, al Partido comunista, al ultraísmo, al surrealismo, etc., obedece más bien a una necesidad y obligación expresiva y contextual, que a un convencimiento ideológico, pues, tal como lo señala en Contra el secreto profesional (1927), sus intenciones son otras: “Hay un timbre humano, un latido vital y sincero, al cual debe propender el artista, a través de no importa qué disciplinas, teorías o procesos creadores. Dése esa emoción seca, natural, pura, es decir, prepotente y eterna y no importan los menesteres de estilo, manera, procedimiento, etc.”
Estas ideas son claves, por ejemplo, para entender la relación de Vallejo con el marxismo y el comunismo: cumplió con sus deberes de camarada en la práctica y en parte en su prosa, pero no pudo intentar siquiera acomodar su poesía –que es la que interesa- a las exigencias del Partido comunista, mostrando en su desarrollo claros contrastes con el dogma marxista y leninista.
Tal como he señalado, Vallejo tiene un objetivo que se desarrolla a lo largo de su obra: encontrar respuestas, calmar su angustia “a través de no importa qué disciplinas, teorías o procesos creadores”. Los Poemas Póstumos y España, aparta de mí este cáliz cierran el círculo iniciado desde el primer verso de Los heraldos negros. Es un círculo pues Vallejo, a través de sus libros, ha configurado perfectamente su “yo no sé” como su gesto, su silencio y su expresión.
España, aparta de mí este cáliz es el punto final y a su vez un retorno. Aparte de que el poema es el más profundo y tierno homenaje a España, es un homenaje y canto a su madre, a lo que ella fue y representó: el paraíso terrenal, la inocencia infantil. Pero Vallejo retorna a su madre cargado de las experiencias que le deparó su peregrinaje por “este valle de lágrimas”, donde tuvo que vivir de su muerte. Y esas experiencias, o esa experiencia de su “orfandad metafísica”, convierten a la madre en símbolo histórico de la Utopía universal, de modo que el retorno es la esperanza de un futuro “hogareño”.
Finalmente, los aspectos brevemente examinados permiten descartar -por inadecuadas para la comprensión y enseñanza de la obra vallejiana- todas las interpretaciones que no tomen en cuenta la totalidad unitaria de la obra misma y que abultan desmesuradamente algún aspecto particular de la poesía de Vallejo en detrimento de su significación originaria y total. Las interpretaciones indigenistas, socialistas, religiosas, marxistas, etc., son forzosamente parciales.
De todas estas preocupaciones, la principal, nuclear y reiterativa es la angustia; angustia ante el mundo, ante la existencia misma que se presenta aterradora –como una especie de paraíso perdido- y sobre la cual el hombre tiene el doloroso deber de encontrarle sentido. Y este sentido será, para el poeta, producto de un ejercicio del espíritu, de la capacidad de la inteligencia por penetrar la realidad cotidiana, de allí que Vallejo realice una especie de metafísica vital a través de sus poemas.
La temática y la evolución de la obra vallejiana de lo individual a lo social, de la preocupación por la existencia a la preocupación por la historia es, más bien, aparente. Las obsesiones primordiales no evolucionan, son inmóviles. Su adhesión al marxismo, al Partido comunista, al ultraísmo, al surrealismo, etc., obedece más bien a una necesidad y obligación expresiva y contextual, que a un convencimiento ideológico, pues, tal como lo señala en Contra el secreto profesional (1927), sus intenciones son otras: “Hay un timbre humano, un latido vital y sincero, al cual debe propender el artista, a través de no importa qué disciplinas, teorías o procesos creadores. Dése esa emoción seca, natural, pura, es decir, prepotente y eterna y no importan los menesteres de estilo, manera, procedimiento, etc.”
Estas ideas son claves, por ejemplo, para entender la relación de Vallejo con el marxismo y el comunismo: cumplió con sus deberes de camarada en la práctica y en parte en su prosa, pero no pudo intentar siquiera acomodar su poesía –que es la que interesa- a las exigencias del Partido comunista, mostrando en su desarrollo claros contrastes con el dogma marxista y leninista.
Tal como he señalado, Vallejo tiene un objetivo que se desarrolla a lo largo de su obra: encontrar respuestas, calmar su angustia “a través de no importa qué disciplinas, teorías o procesos creadores”. Los Poemas Póstumos y España, aparta de mí este cáliz cierran el círculo iniciado desde el primer verso de Los heraldos negros. Es un círculo pues Vallejo, a través de sus libros, ha configurado perfectamente su “yo no sé” como su gesto, su silencio y su expresión.
España, aparta de mí este cáliz es el punto final y a su vez un retorno. Aparte de que el poema es el más profundo y tierno homenaje a España, es un homenaje y canto a su madre, a lo que ella fue y representó: el paraíso terrenal, la inocencia infantil. Pero Vallejo retorna a su madre cargado de las experiencias que le deparó su peregrinaje por “este valle de lágrimas”, donde tuvo que vivir de su muerte. Y esas experiencias, o esa experiencia de su “orfandad metafísica”, convierten a la madre en símbolo histórico de la Utopía universal, de modo que el retorno es la esperanza de un futuro “hogareño”.
Finalmente, los aspectos brevemente examinados permiten descartar -por inadecuadas para la comprensión y enseñanza de la obra vallejiana- todas las interpretaciones que no tomen en cuenta la totalidad unitaria de la obra misma y que abultan desmesuradamente algún aspecto particular de la poesía de Vallejo en detrimento de su significación originaria y total. Las interpretaciones indigenistas, socialistas, religiosas, marxistas, etc., son forzosamente parciales.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
Gracias por tu comentario!!