No se sabe de donde vienen. Han traspasado montañas, ríos, mares y han pasado de boca a oreja en muchas generaciones, al punto de convertirse en muestra de sabiduría. Los cuentos mantienen aspectos positivos de la vida a través de risas, lágrimas e imprevistos finales. No importa si existen las hadas o los duendes, sólo nos dejamos arrastrar por el “érase una vez…” y el “vivieron felices para siempre”.
Muchos hemos crecido escuchando las aventuras de Caperucita roja, la inocente niña que va a visitar a su abuelita enferma y debe enfrentarse al lobo feroz. Este cuento se hizo conocido gracias a las versiones de Charles Perrault y de los hermanos Grimm. Sin embargo, la historia de Caperucita ya existía en la tradición oral, quizá desde el Medioevo.
En la versión de Perrault, el lobo se come tanto a la abuela como a Caperucita, sin que nadie llegue a rescatarlas. En una versión británica, Caperucita, a punto de verse atacada por el lobo, empieza a gritar y es salvada por su padre y otros leñadores. En una adaptación francesa, el lobo se dispone a abalanzarse sobre Caperucita, cuando entra por la ventana una avispa y le pica en el hocico. Los alaridos de dolor del lobo alertan a un cazador, el cual dispara una flecha que atraviesa la oreja del lobo y lo mata en el acto.
Tal vez la más siniestra de todas las versiones surgió en Inglaterra a fines del siglo XIX. Este cuento popular termina con el lobo reuniendo la sangre de la abuela en botellas, con las que después invita a beber a la confiada Caperucita.
Los hermanos Grimm aportaron otra versión, la única en la que la abuela se salva: el lobo satisfecho de haberse comido a la abuela y a Caperucita, se queda dormido. Sus sonoros ronquidos llaman la atención del cazador, que entra en la casa, se da cuenta de lo ocurrido y abre el vientre del lobo con unas tijeras. Aparece en seguida Caperucita, que exclama: “¡Qué oscura estaba la barriga del lobo!”. Después hace su aparición una abuela despeinada y silenciosa, y finalmente el lobo es expulsado de la casa.
A pesar de la sencillez de su estructura narrativa, en “Caperucita roja” se esconden algunas de las preocupaciones fundamentales del ser humano, tales como la familia, la moral, el paso a la madurez, las relaciones sociales, etc. Estas cuestiones aparecen sintetizadas en una moraleja final, puesta inicialmente en boca de la madre: “no hables con extraños”. De este modo, vemos cómo esta serie de preocupaciones de carácter universal –entre otros rasgos– aporta una especie de intemporalidad al cuento que ha hecho que perdure y se mantenga hasta nuestros días.
Muchos hemos crecido escuchando las aventuras de Caperucita roja, la inocente niña que va a visitar a su abuelita enferma y debe enfrentarse al lobo feroz. Este cuento se hizo conocido gracias a las versiones de Charles Perrault y de los hermanos Grimm. Sin embargo, la historia de Caperucita ya existía en la tradición oral, quizá desde el Medioevo.
En la versión de Perrault, el lobo se come tanto a la abuela como a Caperucita, sin que nadie llegue a rescatarlas. En una versión británica, Caperucita, a punto de verse atacada por el lobo, empieza a gritar y es salvada por su padre y otros leñadores. En una adaptación francesa, el lobo se dispone a abalanzarse sobre Caperucita, cuando entra por la ventana una avispa y le pica en el hocico. Los alaridos de dolor del lobo alertan a un cazador, el cual dispara una flecha que atraviesa la oreja del lobo y lo mata en el acto.
Tal vez la más siniestra de todas las versiones surgió en Inglaterra a fines del siglo XIX. Este cuento popular termina con el lobo reuniendo la sangre de la abuela en botellas, con las que después invita a beber a la confiada Caperucita.
Los hermanos Grimm aportaron otra versión, la única en la que la abuela se salva: el lobo satisfecho de haberse comido a la abuela y a Caperucita, se queda dormido. Sus sonoros ronquidos llaman la atención del cazador, que entra en la casa, se da cuenta de lo ocurrido y abre el vientre del lobo con unas tijeras. Aparece en seguida Caperucita, que exclama: “¡Qué oscura estaba la barriga del lobo!”. Después hace su aparición una abuela despeinada y silenciosa, y finalmente el lobo es expulsado de la casa.
A pesar de la sencillez de su estructura narrativa, en “Caperucita roja” se esconden algunas de las preocupaciones fundamentales del ser humano, tales como la familia, la moral, el paso a la madurez, las relaciones sociales, etc. Estas cuestiones aparecen sintetizadas en una moraleja final, puesta inicialmente en boca de la madre: “no hables con extraños”. De este modo, vemos cómo esta serie de preocupaciones de carácter universal –entre otros rasgos– aporta una especie de intemporalidad al cuento que ha hecho que perdure y se mantenga hasta nuestros días.
Colorín colorado, este artículo ha terminado.
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